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El Sistema Nacional de Investigadores. Un Sistema de Exclusión

Rodolfo Uribe Iniesta

Recientemente el Sistema Nacional de Investigadores cambió su plataforma digital de captura del Currículm e inesperadamente se produjo una fuerte respuesta de enojo por parte de los investigadores. Lo que parecía meramente un cambio técnico para mejorar la captura de información se convirtió en un motivo para cuestionar todo el sistema. Un cambio que improvisadamente se da en un pésimo momento, a finales del sexenio y a pocos meses de elecciones, que es justamente la coyuntura en la que la sociedad tanto tiene la oportunidad de cambiar de autoridades como de poner en discusión todas las acciones de gobierno.

El reclamo básico de los investigadores según lo publicado tanto en una petición mediante una carta en la plataforma Change.org, como en un chat organizado por el físico Luis Mochán es que en resumen, el nuevo formato convierte de hecho a los investigadores en “capturistas” del SNI, es decir, se da una especie de “outsourcing”, que es un típico proceso de “externalización de costos” que promueve la economía neoliberal para aumentar las ganancias empresariales, y que convertidos y promovidos como políticas gubernamentales, se presenta meramente como mera eficiencia y eficacia. En una reunión con investigadores celebrada en el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM, el director del SNI, explicaría que en realidad el contenido principal del cambio que provoca la dificultad de llenado y que borró el 70% de la información que habían capturado los investigadores anteriormente, sólo es que se negó la posibilidad de llenado en formato libre según la información de los investigadores y ahora todo rubro sólo podrá ser llenado en “catálogos” preestablecidos por los diseñadores de la plataforma digital con lo que, indicó, como objetivo principal, sólo se capturará información de “procesos” (publicaciones básicamente) e instituciones válidas o legítimas para el SNI. Y en la gran multitud de casos en donde no había habido posibilidad en el catálogo de registrar una acción o institución, el investigador tiene que iniciar un proceso mediante solicitud por correo electrónico y teléfono, de registro e inclusión de tal institución o acción en el catálogo correspondiente. Entonces, de 50 investigadores presentes, se planteó de viva voz que alrededor de 20 de los presentes estaban en esa situación de necesitar atención personal lo cual indica ya la pésima eficacia del sistema. Es decir, que en lugar de la lógica del sentido común de los sistemas, en particular de los informáticos, que uno espera que sirvan para capturar lo genérico de una situación y simplifiquen los procesos y faciliten el acceso ahorrando esfuerzo y tiempo para los usuarios (lo que en el argot informático se llama amistad, un sistema amistoso), al contrario, se convierte en una carga de trabajo más en donde además, en lugar de partir del hecho dado de que las actividades académico científicas y las instituciones de tal calidad ya están incluidas en el sistema, es el propio investigador quien ha de actuar como gestor para la inclusión de tales actividades e instituciones.

En esto, el director del SNI no ocultó que el sentido era que el SNI pudiera decidir con absoluto poder sin posibilidad de deliberación o juicio, que es una acción y cuál es una institución  académica/científicamente válida y cual no. Con lo cual, queda claro que ya el SNI abiertamente deja de ser como fue al inicio un sistema de inclusión de todos los científicos y sus actividades, sentido con el que fue presentado en la década de los 90, para ser lo que socióloga Saskia Sassen llama “Sistemas de Exclusión”. O sea, aquellos que justamente se presentaban como sistemas de inclusión de la sociedad moderna donde se buscaba involucrar a toda la población de un país bajo un mismo sistema integrador que además buscaba la promoción de las acciones de gobierno y de las actividades de tales ciudadanos combatiendo la marginación, ahora, al contrario, son formas de selección, exclusión, segmentación y particularización de espacios, procesos, instituciones y grupos sociales semejante a como en las ciudades se pasó de la urbanización como forma de comunicación y circulación universal, a formas de compartimentación y segregación espacial; en ambos y todos los casos dejando de considerar que las acciones de gobierno se hacen con base en hacer efectivos derechos universales de la todos los considerados como ciudadanos (cuando menos).

En esta misma lógica los sistemas se diseñaban considerando a los ciudadanos con derechos como “usuarios” a quienes el gobierno “da servicio”. En este caso, fue muy enfático el director del SNI al redefinir al sistema meramente como “una distinción”, “un reconocimiento” que el gobierno le da a los investigadores que cumplen con sus reglas y que va acompañado por un pago que de hecho estuvo a punto de usar el calificativo de “simbólico”. Pero fue muy explícito al decir que no había obligación del gobierno ni de reconocer al científico, ni mucho menos de hacer el pago, el cual, según expresó no esta necesariamente vinculatorio, dando el ejemplo de los alrededor de 650 investigadores registrados en el SNI que no reciben pago porque trabajan en el extranjero. Es decir, que en los hechos y de manera unilateral por parte del gobierno y el Conacyt, los científicos dejan de ser sujetos de derechos frente a estas instituciones y en particular dejan de ser “usuarios” de una plataforma, sino que son sujetos “distinguidos” (recordemos la definición de Michel Foucault de “sujetos sujetos”) por la institución en tanto cumplen con los requisitos de realizar las actividades que ésta considera y define como legítimas en las instituciones que la misma institución considera científicas en su particular apreciación (incluidas en los catálogos), que es lo único que se puede integrar como información base para el segundo proceso de evaluación, que es ya el juicio de pares, pero que está ya determinado y limitado, a la información que aceptó el sistema. El propio director del SNI presentó esto como un proceso de evaluación independiente, realizado en otro momento, y por deliberación libre de otros científicos, pero deliberadamente ocultó que tal proceso depende absolutamente de la información capturada y criterios estrictos que se marcan como reglas absolutas para la acción de los evaluadores que sólo juzgan si el evaluado cumple con tales criterios y suma los suficientes elementos considerados por la plataforma del currículum.

El director del SNI resaltó explícitamente que la “distinción” era únicamente respecto a la actividad científica separándola explícitamente de la académica o formativa de recursos humanos, justificando así no considerar la participación en jurados o comités tutoriales de tesis, pero entonces quedando en contradicción porque todavía existen campos para informar sobre impartición de asignaturas en programas de posgrado y la dirección de tesis en el mismo nivel, a las que antes se les daba tanta importancia que tenían su propio sistema de captura. La argumentación de validación que dio es que una actividad científica era sólo aquella que era validada por el “mercado”, ya fuera mediante la adopción de un proceso tecnológico por una empresa, o por la publicación en una revista especializada de un trabajo científico. Es decir, que presentó que el SNI sólo distinguía lo que ya “el mercado” había reconocido anteriormente en una de estas dos formas. Lo que de alguna manera, reduce a esta institución pública, el Conacyt, al SNI, que trabaja con presupuesto público federal y está sujeta al escrutinio público, como mera mediadora de una validación otorgada ya por quienes pueden adoptar procesos tecnológicos o publicar revistas, que se convierten en los verdaderos evaluadores y calificadores.

Pero aún hay algo más, en esa misma reunión, se mencionó que ya la calidad de “investigador”, la capacidad e identificación como científico ya estaba demostrada por la adscripción a una entidad científica en un proceso mediante el cual cada año cada institución esta obligada a presentar una “carta de adscripción” de cada investigador. Es decir, que el SNI nunca ha considerado a investigadores que trabajen por su cuenta, sino sólo a quienes están en nómina de una institución de investigación científica, y, desde el sexenio de Vicente Fox, de manera contradictoria y no suficientemente justificada -porque en los hechos constituyen un subsidio- en algunas empresas privadas. Ahora, el director del SNI anunció que a partir de este año, las instituciones científicas, cuyo presupuesto ha sufrido recortes desde el general de las universidades que en algunos casos han tenido que suspender pagos; o el año pasado el programa de Conacyt de becas de posgrados de calidad, donde se dio la instrucción de no aumentar y en su caso reducir la becas que cada institución solicita; e incluso se cambió la formula para calcular el pago que da el SNI, para en los hechos reducirlo, van a tener que informar mensualmente sobre la adscripción de los investigadores para evitar el caso en que al no informarse oportunamente, el SNI seguía depositando su “reconocimiento” al investigador hasta terminar el año cuando se “enteraba” de que había terminado su relación laboral. Es decir, aquí el carácter de “outsourcing” se hace todavía más evidente, y en donde el trabajo se va a cargar al cada vez más recortado y reducido sistema administrativo de cada dependencia, por ejemplo, en la UNAM, un centro de investigación pequeño como en el que se realizó la conferencia mencionada, hay alrededor de 50 investigadores adscritos al SNI. Cuando se le mencionó que ya con la adscripción anual había problemas de que aunque la institución enviaba la documentación el Conacyt no tenía capacidad de procesarla y había que estar haciendo aclaraciones incluso con visitas personales a sus instalaciones, en pocas palabras respondió que ese no era su problema. Pero, aceptó entonces que lo que se evaluaba no era la competencia o actividad científica de un investigador o científico, sino su pertenencia a una institución “reconocida” por el SNI. Es decir, que entonces el SNI tiene un fuerte componente disciplinario porque lo que se “distingue” es la pertenencia a ciertas instituciones y su permanencia en estas.

Tal enfoque de “disciplinamiento” ya había sido denunciado hacía mucho tiempo con relación a privilegiar y limitar la calificación a las “publicaciones en revistas indexadas y con juicio de pares”. Con esta limitación de las actividades científicas a la mera publicación, pero además sólo en revistas con evaluación y con el tercer criterio de la indexación, ya había un disciplinamiento en 3 momentos: dejar de realizar todo otro tipo de actividad para concentrarse en sólo escribir para publicar. Escribir al gusto del editor de la revista como primer criterio para ser publicado; y luego, al gusto del comité dictaminador de las publicaciones; y finalmente de la empresa indexadora. Con lo que “quien” resultaba empoderado era la empresa indexadora que adquiere el poder de decidir que es científico en su apreciación, sin tener que rendirle cuentas a nadie y funcionar como criterio básico para la calificación de acciones significativas que cuentan y la que no. Luego entonces, resulta así, al final, que en última instancia, llevando el sistema a sus consecuencias en tanto se fortalece y se le da más importancia a este criterio, que ya ni siquiera será Conacyt ni el SNI quien califique y “distinga” que es una acción científica, y por lo tanto cual es el sentido, contenido y formato de la actividad científica, sino estas empresas privadas que no le rinden cuentas en ningún sentido a nadie. Que además ahora, están relacionadas económicamente con las revistas editadas; y que como sabe todo académico, ahora muchas de estas revistas cobran por publicar.

En conclusión, el simple cambio técnico de forma de captura de un currículum sirve para dar un paso más para reforzar el poder de actores privados en la dirección (formas y contenidos) de las actividades de la sociedad en el ámbito científico, destruir el sistema sociopolítico basado en una relación de derechos ciudadanos universales y excluir a quienes no se sometan a criterios decididos en privado pero públicamente impuestos. Por no mencionar, que roto todo vínculo con las ideas del viejo estado, se desvincula totalmente la investigación científica de ninguna posibilidad de proyecto de desarrollo o de bienestar social, y en última instancia de proyecto social colectivo, no se diga de nación.

Imagen tomada de la Revista nexos

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