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RELATO. Madre sólo hay una

Gilberto Méndez Espinoza

— ¿David venció a Goliat, ¿por qué tú no  un problema común? Mira que  sufrir por el desprecio de una mujer. Tienes una bonita familia, pero eres engreído y altanero; crees tener la suerte de tu tocayo Juan Charrasqueado, en cuestión de mujeres, y eso te hace andar inquieto, fantaseando en tu mundo de juergas y burdeles.

—Ten fe, ya regresaré a mis hábitos normales, a mis labores de siempre.

—Eso dijiste la última vez que ingresaste aquí. Mírate: cohibido, temeroso, afligido; tu rostro hinchado, sin afeitar, sin cepillarte los dientes y sin bañarte desde saber cuándo. Ya estás peor que tu amigo Hipólito, ese que llega a una fiesta y lo atienden con cortesía por considerarlo un invitado especial; pero se emborracha tanto, que se vuelve el incómodo a quien tienen que soportarle sus impertinencias, y sólo esperan el momento indicado para avisarle que la fiesta se acabó. Chales, como si no fuera suficiente con la experiencia traumante que viví con tu papá.

—Ya, madre; no venga con sus sermones. La resaca y mi conciencia me han recriminado hasta el último segundo de mi mal comportamiento.

—Pretextos no te faltan. Que si estás decepcionado por una mujer que no te hace caso, que si hace mucho calor y hay qué refrescarse. La otra vez dijiste que, saliendo del trabajo,  te dieron ganas de hacer pipí; y como no había un lugar solitario, te metiste a una cantina y, de paso, pediste una cerveza para dizque compensar el favor que te hicieron. Y mira, llegaste a las once de la noche, todo borracho y orinado.

—Ya párale.

—Cambia tus amistades. Con puro borracho te juntas.

—No humilles.

—Es la verdad. Te juntas con puro holgazán, con gente vulgar, sin valores ni moral. En serio, no te he visto más que con gente de baja autoestima, de poco criterio, pero de  muy elevada soberbia.

—Es gente honesta.

—Acéptalo, ya no eres de uno ni de dos tragos, tú te vas de largo y no te frenas sino hasta que tu mente es una masa de insomnios y alucinaciones. Tenle respeto al alcohol, no lo toques ni con el pensamiento, porque te va a hincar una y otra vez y, finalmente, no sólo tú perderás, sino también los que creemos en ti, los que te apreciamos.

—Ya, mamá. Ahórrate tus frases domingueras.

—Mira a tu primo que me acompañó, desde que va a Alcohólicos Anónimos, ya no toma. Él te aconsejara, pero apenas y me oyes a mí que soy tu madre; a él creo que lo insultarías.

—Cómo crees, má.  Mi primo es carnal.

—Yo te quiero, hijo, y lo menos que deseo es verte así: triste, agüitado. A un ebrio  lo desprecian en la calle, le escupen  y lo corren a patadas de cualquier lugar.

—Ya cambiaré.

—Te fastidia ver a un coche circulando en sentido contrario, al automovilista que no respeta el acceso del peatón…

—Uno cruza la calle confiado, creyendo que todos respetan los señalamientos de tránsito y vialidad, y no se espera que salga un loco manejando a lo puro güey.

—Además, te encabrona que vengan conchudamente las personas  con su celular en la mano, y que tengas qué bajar de la banqueta para no chocar con ellas. Y te doy la razón, a quién no le molesta cada gente pendeja que encuentra uno en la calle, pero no estoy de acuerdo que por una simple excusa te vayas a tomar.

—Es que sacan de onda.

—La última vez que recaíste ni pensabas beber. Según tú, fuiste por la mañana a hacer ejercicio en las canchas de futbol. Pero regresaste hasta la noche y cayendo de borracho. Y no le paraste, sino hasta anoche que decidimos internarte en este anexo.

—Ok.

— ¿Sabes de la tranquilidad que siente una madre al enterarse que a su hijo borracho lo anexaron en un centro de rehabilitación?

—No.

—Gozo, como el que siente un devoto en la misa dominical…

—Ok, ok, puedes irte, yo me quedo a cumplir mi penitencia.

—He visto a unos salir del abismo, abandonar la antesala del infierno. Los he visto caminar en las calles con otro semblante. Soy tu madre y sé que hay situaciones bochornosas que no puedes superar y que eso te mantiene nervioso, aterrado y con los remordimientos enganchados aquí, en el corazón. Pero nada es imposible. Si te lo propones, puedes superar la situación aún más complicada que te esté afectando.  No ignores a Dios, él es consuelo, paz, amor, perdón, reconciliación.

— ¡Ya, mamá! Tú eres un ángel, y yo sólo soy un sacrílego que reniega hasta de su propia sombra.

—Quien deja que sus emociones controlen sus actos, y no cultiva el lado espiritual, se complica la existencia.

—Si usted lo dice…

—Mírate. Estás temblando.

—Estoy pelando de la cruda.

—Mmm. Si te sacara de aquí, ¿juras no ir a beber más?

—Se lo juro, por esta.

— ¿No empezarás a divagar en ambientes donde abunda el alcohol y sólo buscarás cualquier  pretexto para recaer?

—No. Si acaso, tomaré una coca cola  bien fría y con eso me repongo.

— ¡Guardias, suéltenlo, por favor! Me lo llevo a casa.

—Gracias, madre, eres un amor.

—Juan, no corras. ¡Regresa! Me lo juraste… ¡Blasfemo!

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Gilberto Méndez Espinoza — ¿David venció a Goliat, ¿por qué tú no  un problema común? Mira que  sufrir por el desprecio de una mujer. Tienes una bonita familia, pero eres engreído y altanero; crees tener la suerte de tu tocayo Juan Charrasqueado, en cuestión de mujeres, y eso te hace andar inquieto, fantaseando en tu mundo de juergas y burdeles. —Ten fe, ya regresaré a mis hábitos