Inicio / Cultura / ESTAMPAS JUARISTAS. Las horas difíciles y la oveja extraviada.

ESTAMPAS JUARISTAS. Las horas difíciles y la oveja extraviada.

RODOLFO LARA LAGUNAS. 

3

Las horas difíciles

Para construir sus flautas el pastor Benito abandona un día sus ovejas y se acerca al borde la Laguna Encantada, donde crecen los carrizos. Entretenido en su tarea de hacer una flauta no se da cuenta cómo el viento baja de la montaña y se desprende una porción de tierra, en la que estaba ensimismado en plena actividad artesanal; misma que se va lago adentro, como si fuera una barca.

El islote está a la mitad de la laguna; imposible bajarse. Caía la tarde, y desde el sitio, donde encalló la chinampa, el niño logró ver su jacal nativo como un punto negro perdido en el horizonte. Todo era soledad y silencio.

Llegó la noche; el aire frío y húmedo rizaba apenas las aguas del lago, y el niño Benito de pie entre las cañas, ni encontraba lugar donde acostarse, ni el sueño le cerraba los ojos, ni el miedo le contraía el semblante, ni un grito de desesperación se escapaba de su pecho.

Las primeras luces de la mañana lo encontraron en la misma actitud en que se quedó ante el último crepúsculo. El niño tenía hambre y sed y, de vez en cuando miraba el distante punto negro, el jacal.

Y corrieron las horas; el sol llegó a la mitad de su carrera y declinó hasta hundirse de nuevo en el horizonte. De nuevo sopló el viento. Sintió, después de algunas horas, que el carrizal se detuvo contra algo macizo y firme; permaneció quieto; esperó la alborada y entonces con júbilo, saltó a la orilla. ¡Estaba salvado!

“Esas fueron las horas de mi mayor angustia”, contaría después Juárez.

Como el viento no le hizo nada grave, desde entonces los mexicanos cuando nos enfrentamos a un problema y no pasa nada afirmamos: nos hizo lo que el viento a Juárez. O, a mí me hacen -cuando nos sentimos amenazados-lo que el viento a Juárez.

4

La oveja extraviada

​Juárez deseaba ir a la Ciudad para aprender más, pero al mismo tiempo, pese a que el trato no era amoroso, sentía gratitud hacia su tío. “Era cruel-nos dice-la lucha que existían entre estos sentimientos y mi deseo de ir a otra sociedad, nueva y desconocida para mí, para procurarme educación. Sin embargo, el deseo fue superior al sentimiento, y el día 17 de diciembre de de 1818 y a los doce años de edad me fugué de mi casa y marché a pie a la ciudad de Oaxaca adonde llegué en la noche del mismo día, alojándome en la casa de don Antonio Maza en que mi hermana María Josefa servía de cocinera”. Pero ¿qué provocó la fuga del niño Benito?

​Existen diversas versiones. La que da Fernando Benitez es la que más se ha popularizado al paso del tiempo:

“Era el miércoles 17 de diciembre de 1818. Me encontraba en el campo, cuenta Juárez, como de costumbre, con mi rebaño, cuando acertaron a pasar, como a las once del día, unos arrieros -algunos han señalado que eran unos gitanos-conduciendo unas mulas con rumbo a la Sierra. Les pregunté si venían de Oaxaca; me contestaron que sí, describiéndome a mi ruego, algunas de las cosas que allí vieran, y siguieron su camino. Pero he aquí que al examinar mis ovejas me encuentro que me falta una.”

“Triste y abatido estaba cuando llegó junto a mí otro muchacho más grande y de nombre Apolonio Conde. Al saber la causa de mi tristeza, refiriéndome que él había visto cuando los arrieros se llevaron la oveja”.

Y pensando en el enojo y castigo del tío y con el deseo de llegar a hacer algo, Benito decidió abandonar San Pablo Guelatao. Caminó descalzo, y sin conocer el camino, 66 kilómetros.

Acerca redaccion2 redaccion2

Consulta Tambien...

Mundo Raro. La misma gata.

Facebook Twitter Google+ Print Email WhatsAppOrnán Gómez     Señor K, disculpará que no haya escrito antes, …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

ESTAMPAS JUARISTAS. Las horas difíciles y la oveja extraviada.

RODOLFO LARA LAGUNAS.  3 Las horas difíciles Para construir sus flautas el pastor Benito abandona un día sus ovejas y se acerca al borde la Laguna Encantada, donde crecen los carrizos. Entretenido en su tarea de hacer una flauta no se da cuenta cómo el viento baja de la montaña y se desprende una porción de tierra, en la que estaba ensimismado en plena actividad artesanal; misma que se va la